El año pasado, el alcalde de Soacha, anunció el proyecto con bombos y platillos, el Ministerio de Cultura, era quien debía autorizarlo y ni siquiera lo conocía, hoy le dijo no a su construcción gracias a la gestión de la representante por Cundinamarca, Alexandra Vásquez.

Un gran revuelo causó en febrero del año pasado el anuncio del alcalde de Soacha, Juan Carlos Saldarriaga quien presentó una megaobra con la que se pretendía “reactivar” el turismo en el salto de Tequendama. Se trataba de un puente peatonal de vidrio que conectaría al mirador con el cerro oriental de la cascada.

Este proyecto, contaría con una inversión de más de 100.000 millones de pesos y sería administrada por la Empresa Pública de Soacha, Epuxua. Incluso, desde el inicio, fue rechazado por vendedores del sector y habitantes del municipio, quienes indicaron que el espacio sería privatizado y que el proyecto no cumplía con los requisitos para su construcción.

Una de ellas fue la representante a la Cámara por Cundinamarca, Alexandra Vásquez, quien denunció en varias ocasiones que el puente no tenía estudios de prefactibilidad, ni análisis de impacto en el ecosistema y que endeudaría gravemente al municipio, teniendo en cuenta que tiene muchas necesidades por atender.

En un primer momento, el Ministerio de Cultura rechazó el proyecto porque no cumplía con los requisitos, pero Juan Carlos Saldarriaga lo volvió a presentar e indicó en varios medios de comunicación que “los estudios y diseños estaban listos” y que tenían la aprobación del concejo municipal vía endeudamiento.

Algo que la representante quiso comprobar a través de un derecho de petición enviado a la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca el pasado mes de abril, donde la entidad indicó que no existían estudios y diseños para su construcción.

Este martes 3 de octubre, se conoció que esta cartera no aprobó el proyecto que no protegía el carácter emblemático, arqueológico, ambiental, y arquitectónico del lugar y tampoco tuvo en cuenta los valores estéticos del inmueble.

Esta es una victoria para los soachunos y para la riqueza ambiental y arqueológica que alberga el Salto de Tequendama.